Y aquí estamos de nuevo, dejando nuestras pertenencias en la entrada y nuestros documentos a un par de policías. Se termina el año, otro viernes de visita a la cárcel. Un día común en que los presos hacen sus actividades diarias como deportes, trabajo, estudio. Esta vez no tocó un día soleado.
La cárcel está igual, la quinta repleta de especias, las calles limpias, la locura diaria de los llamados al director, de la transferencia de presos de un centro a otro. El mate siempre presente acompañando a los presos en el patio durante su tiempo libre. Cada preso con su chaleco fluor, que los identifica y los unifica porque a pesar de que hayan entrado por diferentes motivos todos están ahí para lo mismo: cumplir su pena, aunque algunos también buscan rehabilitarse.
